El miedo a las fugas: cuando correr deja de ser un juego
No sé si alguna vez lo has vivido. Esa escena que comienza como un paseo tranquilo en el parque y que, en cuestión de segundos, se transforma en una pesadilla.
Yo sí. Muchas veces.
Recuerdo una tarde cualquiera, como tantas otras, en la que salimos al parque con mi hijo. Tenía cinco años. Íbamos caminando de la mano, yo hablando con él con suavidad, como siempre, para mantenerlo centrado y tranquilo. De repente, sin previo aviso, su atención se desvió hacia algo: un globo rojo, un carrito de helados, un perro al fondo. No lo sé con certeza. Solo sé que soltó mi mano y salió corriendo con una fuerza que no parecía venir de un niño pequeño.
Ese momento en el que se suelta… el corazón se detiene. La mente se nubla. El cuerpo reacciona como puede. Solo sentía el miedo ardiendo en el pecho, la adrenalina, el terror real de perderlo.
Porque con los niños con autismo, correr no siempre es un juego. Muchas veces es una respuesta impulsiva, sensorial o emocional. Ellos no miden el peligro, no saben que una calle puede ser mortal, no sienten el mismo “límite” que los demás niños.
Ese día logré alcanzarlo. Pero no todos los días terminan así.
El riesgo es real. Pero hay esperanza.
Años después, nuestra historia cambió. Hoy caminamos por ese mismo parque, pero ya no solo tomados de la mano. Ahora va tomado del chaleco de su Perro de Asistencia entrenado en Owen Care, y si quiere salir corriendo su perro lo ancla evitando un accidente, juntos han creado un vínculo de confianza que se ha construido con tiempo, paciencia y mucho amor.
Cuando llegó a nuestras vidas, su perro no solo fue un compañero: fue seguridad. Fue ese “segundo par de manos” que no se cansa, que está atento todo el tiempo, que reacciona antes incluso de que yo lo note.
Un Perro de Asistencia entrenado en prevención de fugas está preparado para frenar al niño con suavidad, para resistir el impulso y detener la carrera antes de que se vuelva peligrosa. Está atento a los cambios de ritmo, al lenguaje corporal, a esos pequeños gestos que solo él parece entender. Y eso, para nosotros como padres, significa poder respirar.
De la angustia a la tranquilidad
Salir al parque, ir al supermercado, caminar por la calle… actividades cotidianas que antes eran campos minados de ansiedad, hoy son momentos de disfrute real. No porque todo sea perfecto —sabemos que con el autismo no hay fórmulas mágicas—, sino porque ahora hay herramientas, compañía, contención.
Y ese cambio es enorme.
¿Te ha pasado?
¿Te ha pasado mirar hacia otro lado por un segundo y sentir que el mundo se detiene cuando tu hijo corre sin control?
Si la respuesta es sí, no estás solo. No estás sola. Somos muchas las familias que vivimos con ese miedo constante, y también somos muchas las que hemos encontrado apoyo real en los Perros de Asistencia para Autismo.
En Owen Care, los perros no solo se entrenan para seguir comandos. Se entrenan para cuidar, para proteger, para formar parte de la familia. El entrenamiento está diseñado específicamente para las necesidades de cada niño, y eso incluye trabajar en la prevención de conductas de fuga o escape.
Nuestro objetivo es claro: que las familias vivan con más libertad y menos miedo.
Si esta historia te resonó, si sentiste un nudo en la garganta o recordaste una escena similar con tu hijo o hija, quizás sea momento de considerar esta opción. No es un camino instantáneo, pero es un camino lleno de esperanza.